Se habla mucho sobre este término, ¿qué es meditar?, ¿cual es la mejor forma de meditar?, ¿meditar es dejar la mente blanco?… La cuestión es que incluso sin ser conscientes, día a día meditamos, aunque sean milisegundos. Son pequeños instantes en los que conectamos con nuestra esencia más pura, con nuestra energía original. Estos pasan desapercibidos para nuestra nuestra mente consciente frente a la descomunal diferencia existente de todo el tiempo en el que la mente se encuentra conectada a pensamientos divagantes, quizás sin importancia, también pensamientos dedicados a planificar el futuro o a recordar el pasado. Por ello, si queremos definir de una forma sencilla qué es meditar, podríamos decir que meditar es estar justo en el momento presente. No quedarse en un pensamiento concreto, sino dejar todos fluir libremente pero tomando consciencia de ellos, sin identificarse con ninguno en concreto. Tan fácil y tan difícil a la vez, o quizás tan fácil de decir tan difícil de llevar a cabo.

En la meditación se trabaja directamente mediante la concentración y la atención de la mente en su propia actividad, (a modo de observador externo), en el cuerpo físico y en las sensaciones y emociones más profundas y sutiles. Estas van surgiendo a medida que practicamos más y más a menudo y durante más tiempo en cada sesión. Al principio el simple hecho de sentarnos a “no hacer nada”, nos resulta complicado, porque quizás esperamos que a modo de milagro se nos revele algo sorprendente enseguida o porque simplemente no sabemos por dónde comenzar o qué va a pasar. La clave en todo ello y es justamente lo que le da el sentido, es que el no saber que va a pasar cuando nos sentamos a meditar, es precisamente lo que nos abre a otros planos energéticos más profundos. Adentrándonos en esta sutilidad, nos ponemos al servicio de la energía más pura, a su fluidez y potencia.

La mente humana se caracteriza por ser muy activa, al día procesamos del orden de 60.000 pensamientos al día. La meditación puede ser muy válida aunque sólo consigamos bajar esta cantidad de pensamientos. Válida en el sentido de tener resultados positivos a nivel físico y mental. Además, se pueden practicar diferentes tipos de meditación, según nuestras necesidades o gustos.

Hay meditaciones libres, meditaciones guiadas y dentro de las guiadas de muchos y muy variados estilos, pero en definitiva en todas ellas, se ha de tomar un tiempo para tomar consciencia del cuerpo y de la mente. Exceptuando las llamadas meditaciones en movimiento (que las propias posturas de Yoga pueden llegar a serlo si estamos con consciencia en ellas), las meditaciones se caracterizan por la quietud física, mediante la cual se encuentra la quietud mental.

Consejos para empezar a meditar:

Buscar una hora fija del día para meditar: Creando una rutina, será más sencillo completar la práctica diaria.

Comenzar de menos a más: Empezar por un tiempo corto de meditación: Es mejor 5 minutos cada día que media hora una vez por semana, al tratarse de un “entrenamiento mental”, es más recomendable ir poco a poco.

Encontrar una postura cómoda: Si hay alguna molestia a la hora de meditar la mente se irá a esa molestia y sacándonos del estado meditativo. Se trata de estar cómodos como para no tener que movernos, pero sin estar tan cómodos como para dormirnos…sobre todo cuando se es principiante, no se entiende muy bien el concepto de relajarnos sin dormirnos. Los estados mentales pueden llegar a asemejarse, pero definitivamente no son lo mismo.

Comenzar respirando conscientemente: Normalmente cuando se empieza a meditar, el simple hecho de tomar consciencia de la respiración puede resultar difícil. A su vez, conforme lo vamos consiguiendo, es un elemento muy valioso

Ambiente tranquilo: Se ha de encontrar un ambiente silencioso y en calma para inducir con mayor sencillez al estado meditativo, sobre todo al comenzar a practicar. Existen prácticas más avanzadas en las que justamente se trabaja con la abstención o control de los sentidos (Pratyahara).

Temperatura constante: Al estar normalmente sin movimiento se requiere que la temperatura del lugar donde estemos meditando sea estable. Igual que en casos anteriores, en prácticas muy avanzadas no es indispensable ya que se llega a estado de consciencia más elevados.

Calentamiento previo: Se pueden realizar algunos movimientos y estiramientos antes de comenzar a meditar, a fin de preparar a las estructuras físicas y fisiológicas para estar con comodidad dentro de la meditación.

Beneficios de la meditación:

Algunos de estos beneficios son inherentes del simple hecho de buscar la consciencia, pero dado a que normalmente es difícil encontrar momentos de consciencia, la meditación nos ayuda a empezar a tomarlos.

Calma mental: Al bajar la actividad mental, la mente encuentra un descanso.

Regulación del sistema nervioso: se ha demostrado por diferentes estudios científicos como la meditación sube las defensas del organismo, disminuyendo la posibilidad de contagiarnos de enfermedades y aumentando las de luchar contra las existentes (ejemplo: enfermedades crónicas). A consecuencia de ello se calma la presión arterial favoreciendo el buen funcionamiento del sistema cardio vascular, se mejoran la digestión de los alimentos y la absorción de los nutrientes presentes en ellos y se alivia el dolor físico y emocional.

Mejora en la capacidad de atención y concentración.

Potencia la capacidad analítica fuera de juicios, al observar como un observador externo.

Mejora de la memoria: al ser un entrenamiento mental, la mente empieza a diferenciar entre pensamientos importantes y pensamientos divagantes, el resultado final de este discernimiento en poder aumentar la capacidad de memoria ya que se ha trabajado directamente con la capacidad de observación y diferenciación.

Aumento de la autoestima: Al aunar el ser con todo lo que lo rodea, se obtiene el sentimiento de igualdad, viendo belleza, inteligencia, comprensión, empatía en lo externo se traslada a lo interno.

Aumenta la energía: Al estar la mete más lúcida y atenta tiene una mayor agudeza y energía para dirigir al resto del organismo.

Ayuda a focalizar la mente en una tarea concreta, aumentando por lo tanto en la eficiencia con la que se realiza dicha tarea.