De nuestro funcionamiento…

Cada vez que recibimos una noticia, nos sucede algo, hay algún cambio grande, (o mínimo…), en nuestro entorno, tenemos una reacción.

Lo primero que hace entonces nuestro cerebro, por diferentes motivos, (evolución, aprendizaje familiar, cultura, carácter y personalidad, …y una complicada mezcla de todos ellos), es clasificar si lo que acabamos de percibir es agradable o desagradable. Es automático, inconsciente y se produce en milésimas de segundo. Es difícil de medir y entender, ya que engloba recuerdos, comunicación neuronal y todo un entramado de percepciones que recibimos a través de los sentidos. Esta rápida clasificación es una adaptación evolutiva y nos permite reaccionar ante un posible peligro y relacionarnos con el entorno que nos rodea. Además, la respuesta y el estímulo que la ha provocado quedan integrados juntos en nuestro sistema nervioso y a buen recaudo, aunque no seamos conscientes de ello. De forma que la siguiente vez que se presente ese estímulo, como el camino neuronal ya está hecho, la respuesta automática es probable que sea la que tuvimos anteriormente. También es verdad que cada vez que recibimos información mediante nuestros sentidos es diferente por las múltiples variantes que entran en juego, temperatura, hora del día, estación del año, estado de ánimo, etc.

Es importante la cantidad de “juicios inconscientes” que hacemos de forma simultánea con nuestra rutina diaria. Cuando tomamos consciencia de ello, se hace aún más evidente. Cuando podemos analizar más detenidamente cuales son los límites de juicios y prejuicios necesarios para poder mantener una auto regulación del organismo y por lo tanto mantener un estado de salud óptimo, y cuales son de los que podemos prescindir, avanzamos notoriamente. Me explico, los juicios que nos protegen como especie y como individuos están registrados, después de años de evolución, en el material genético. Los juicios que aprendemos a hacer por nuestra educación o cultura, (aunque también tienen peso genético), pueden malearse con mayor facilidad. Las típicas frases que se dicen como que viajar “abre tu mente” o que “conocer otras culturas te hace ser una persona más abierta”, dan todo el sentido a esto.

Juzgar por pensar diferente, vestir diferente, comportarse diferente, etc. se elimina saliendo de tu ciudad y observando detenidamente y con naturalidad otras costumbres.

Quizás lo más difícil de cambiar son los auto prejuicios, como “no voy a poder hacer esto” o “no soy capaz de hacer lo otro”, estamos avocados a ello si no tenemos reforzada nuestra autoestima y pensamos incluso que los demás van a ver en nosotros esas flaquezas y van a hacer hincapié en ellas. Es la típica situación de cuando alguien te ve en una foto y te dice ¡que bien sales!” y tu percibes que no sales nada favorecido. Si analizamos la falta de autoestima también encontramos patrones aprendidos inconscientemente y material genético. Y lo más probable es que si nos auto juzgamos, juzguemos todo lo que nos rodea, si se produce así, es la forma que hemos aprendido a actuar, como algo que nos saliera natural. En cambio, si el compararnos entre nosotros, luchar y competir por quedar por encima y buscar el reconocimiento no está en nuestra cultura ni en nuestro entorno de aprendizaje natural, obtendremos otros valores como son los de colaboración, empatía, ayuda, paciencia y comprensión.

Los patrones pueden ser tenidos en cuenta por una persona que realmente quiere ser más libre, las creencias pueden ser desmontadas, las reacciones automáticas, también.

La palabra Yoga, (que no había sido nombrada en todo el post), puede ser un punto de inflexión en nuestras vidas. En el siguiente post hablaré de cómo todo lo que engloba el Yoga puede llevarnos hacia un cuerpo y una mente más libre, culminando con una unión con nuestra esencia primigenia.

¡Agradezco cualquier intervención, consulta y/o comentario!